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martes, 2 de junio de 2026

Sobre la IA y el renacimiento humanista, por Richard Chitty

 La comunicación humana: breve historia y desafíos



"(...) la menor articulación de mi mano

puede humillar a todas las máquinas (...)".

Hojas de hierba

Walt Whitman


“Qué buena tarde pasé ayer,

me la pasé llorando”.

José Lezama Lima


Estamos en un momento de la historia que a muchos les da temor, por el auge vertiginoso del desarrollo de la inteligencia artificial (IA). Pienso que dicho desarrollo es una demostración de lo que el hombre como especie desde tiempos remotos es capaz de hacer y desarrollar.

El mundo de la informática tuvo un inicio bastante lento. Yo recuerdo ver a mi madre en los años 60 llegar a casa con unas tarjetas perforadas que se acoplaban a una especie de tambor que, al girar, codificaba información. Era para un curso de automatización IBM el uso de aquellas tarjetas. A lo largo de algunas décadas, la informática marchaba de espaldas a las empresas y al mundo de la investigación; en todo caso, de una manera en la que no tenía visibilidad.

Hay algo profundamente humano en querer o desear delegar el pensamiento. No por pereza, sino, quizá, por ambición: siempre hemos querido ir más lejos, más rápido, con menos error. La historia de la informática puede ser vista como la historia de ese deseo.

Antes de hablar de ordenadores, hay que hablar de la necesidad que los creó. Las civilizaciones antiguas —sumerios, egipcios, griegos— desarrollaron herramientas para contar: el ábaco, las tablas de arcilla, los algoritmos de Al-Juarismi (S. IX), de cuyo nombre persa, al-Khwarizmi, viene la palabra "algoritmo", que eran y son procedimientos sistemáticos para resolver problemas. Contar era poder y muchas veces, con mayor precisión, supervivencia.

En el siglo XVII, Blaise Pascal construyó la Pascalina (1642), una máquina mecánica capaz de sumar y restar. Leibniz la mejoró décadas después para multiplicar y dividir. Eran juguetes de élite, pero sembraron una idea radical: una máquina puede razonar.

Charles Babbage diseñó en la década de 1830 la Máquina Analítica, un artefacto mecánico conceptualmente equivalente a un ordenador moderno: tenía entrada de datos, memoria, procesador y salida. Nunca se terminó de construir por falta de financiación y precisión mecánica.

Pero quien entendió su verdadero potencial fue Ada Lovelace, matemática e hija del poeta Byron. En 1843, escribió lo que hoy se considera el primer algoritmo diseñado para ser ejecutado por una máquina. Ada también fue la primera en intuir que estas máquinas podrían ir más allá de los números: música, gráficos, cualquier cosa representable en símbolos. Tenía razón, pero el mundo tardó un siglo en alcanzarla.

Las dos guerras mundiales son el momento más incómodo —y quizá el más honesto— de esta breve crónica. La urgencia bélica aceleró la informática de un modo que ningún laboratorio académico habría logrado en tiempo de paz. Ejemplo de ello fue la invención de la llamada Máquina de Turing (1936), un modelo teórico que definía qué significa "computar", básicamente descifrar sistemas de cifrado.

En Estados Unidos se desarrolló el ENIAC, Electronic Numerical Integrator and Computer (1945), el primer ordenador electrónico de propósito general, financiado por el ejército para calcular trayectorias balísticas. Pesaba 27 toneladas. Sus principales programadoras —seis mujeres conocidas como las "ENIAC Girls"— fueron durante décadas ignoradas por la historia oficial.

Una verdad incómoda es que la informática nació y, sobre todo, se desarrolló más con objetivos militares que humanísticos.

Las bibliotecas: el primer sistema de gestión del conocimiento

Antes de que existiera cualquier ordenador, ya existía un problema de información: demasiado conocimiento acumulado para que una sola mente lo abarcara. Las bibliotecas fueron la primera respuesta civilizada a ese problema, y su historia milenaria es inseparable de la historia de la comunicación humana.

La automatización llegó a las bibliotecas antes de lo que muchos imaginan. En 1936, la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos comenzó a usar tarjetas perforadas para la gestión de préstamos. En 1965, ese mismo organismo lanzó el proyecto MARC (Machine-Readable Cataloging), el primer estándar que permitiría codificar registros bibliográficos en formato legible por máquina. MARC sigue siendo la columna vertebral de la catalogación internacional, aunque hoy empieza a ceder terreno a nuevos modelos. En 1967 nació la OCLC (Online Computer Library Center), la primera red cooperativa de catalogación compartida: en lugar de que cada biblioteca catalogara cada libro de forma independiente, los registros circulaban entre instituciones. Fue, en cierto sentido, un protocolo de red antes de que existiera internet.

Pero automatizar no es lo mismo que comprender. Y aquí reside algo que la historia de la informática ha tardado décadas en reconocer: el bibliotecario no es un índice humano. Es un intérprete. Cuando un investigador llega con una pregunta imprecisa, a menudo sin saber exactamente lo que busca, el bibliotecario realiza lo que hoy llamaríamos búsqueda semántica: interpreta la intención detrás de las palabras, conecta conceptos que el usuario no ha vinculado, y guía hacia fuentes que ningún algoritmo de palabras clave habría sugerido. Ese proceso requiere conocer la colección en profundidad, entender el contexto de la investigación y, en muchos casos, décadas de experiencia acumulada.

La inteligencia artificial empieza ahora a aproximarse a esa capacidad. Los modelos de lenguaje actuales son, en parte, un intento de replicar exactamente eso: la comprensión del significado por encima de la forma. Que lo estén consiguiendo con cierta eficacia no es un triunfo sobre las bibliotecas, sino una confirmación tardía de que los bibliotecarios llevaban razón desde siempre: lo que importa no es almacenar información, sino saber encontrarla. El reto para las próximas décadas no es reemplazar al bibliotecario, sino entender qué pierde la humanidad si lo hace.

En 1969, el Departamento de Defensa de EEUU financió ARPANET (Advanced Research Projects Agency Network), la red que conectó por primera vez varios ordenadores universitarios y militares entre sí. Nació pensada para sobrevivir a un ataque nuclear —la información debía poder circular aunque algunos nodos fueran destruidos—. Esa arquitectura descentralizada es la misma que hoy sostiene internet. De nuevo, su origen militar es innegable.

El gran salto cultural ocurrió cuando los ordenadores dejaron de ser patrimonio de gobiernos y corporaciones. En 1971, Intel lanzó el primer microprocesador comercial. En 1975, Bill Gates y Paul Allen fundaron Microsoft. En 1976, Steve Jobs y Steve Wozniak lanzaron Apple.

En 1981, IBM lanzó su PC (Personal Computer), y Microsoft proveyó el sistema operativo. La combinación fue explosiva. En 1984, Apple presentó el Macintosh con interfaz gráfica —ratón incluido—, democratizando el acceso para quienes no sabían programar.

En esta década también surgió GNU (1983) de Richard Stallman, el movimiento del software libre, que planteó una pregunta filosófica que sigue vigente: ¿a quién pertenece el código que sostiene la sociedad?

Internet lo cambia todo

En 1991, Tim Berners-Lee lanzó la World Wide Web, un sistema de documentos interconectados sobre internet. Era investigador del CERN (Conseil Européen pour la Recherche Nucléaire), y lo hizo sin patentarlo. Ese gesto —posiblemente el más generoso de la historia tecnológica— cambió la civilización.

En pocos años llegaron los buscadores (Yahoo, luego Google en 1998), el correo electrónico masivo, el comercio electrónico (Amazon, 1994; eBay, 1995). En 2004, Facebook inauguró la era de las redes sociales. El mundo empezó a vivir en dos planos simultáneos: el físico y el digital.

Creo que fue en 1995 que una compañera de clases en la universidad me dijo: “Me compré una computadora”. Y comenzamos a hablar del precio, de qué se podía hacer. Al poco tiempo yo también compré una. El sistema operativo era MS-DOS y el procesador de textos era WordStar 4. No teníamos “mouse” y para colocar acentos teníamos que pulsar en secuencia 6 o 7 dígitos. Mi máquina manual de escribir pasó a la historia como un objeto de museo; el sonido articulado de sus teclas, como las de un piano, guardó entonces silencio para siempre.

Los móviles: el ordenador en el bolsillo

En enero de 2007, Steve Jobs presentó el iPhone. No inventó el smartphone, pero redefinió la categoría. De repente, un ordenador con acceso permanente a internet cabía en cualquier bolsillo. Esto tuvo consecuencias que aún estamos digiriendo.

El volumen de datos generados creció de forma exponencial. Las grandes plataformas —Google, Facebook, Amazon— descubrieron que esos datos eran extraordinariamente valiosos para espiar nuestra vida, predecir comportamientos y vender publicidad. Nació el modelo de negocio que hoy conocemos como capitalismo de vigilancia, término acuñado por la socióloga Shoshana Zuboff.

En paralelo, algo estaba ocurriendo en los laboratorios de investigación: las redes neuronales artificiales, una idea con décadas de historia pero largamente abandonada, empezaba a dar resultados sorprendentes gracias a tres factores combinados: más datos, más potencia de cálculo y mejores algoritmos.

El despertar de la inteligencia artificial

En 2012, un equipo de la Universidad de Toronto liderado por Geoffrey Hinton ganó el concurso ImageNet con una red neuronal profunda (deep learning) que superaba a todos los sistemas anteriores en reconocimiento de imágenes. Fue el momento en que la comunidad científica comprendió que algo había cambiado.

A partir de ahí, la aceleración fue vertiginosa:

    • 2016: AlphaGo (DeepMind/Google) derrotó al campeón mundial de Go, un juego que se creía fuera del alcance de las máquinas durante décadas más.

    • 2017: Investigadores de Google publicaron el paper "Attention Is All You Need", presentando la arquitectura Transformer. Sobre esa base se construirían todos los grandes modelos de lenguaje que conocemos hoy.

    • 2020: OpenAI lanzó GPT-3, un modelo capaz de generar texto coherente y útil en casi cualquier contexto.

    • Noviembre de 2022: OpenAI lanzó ChatGPT. En cinco días tenía un millón de usuarios. En dos meses, cien millones. Ningún producto tecnológico había crecido tan rápido en la historia.

El presente: lo que sabemos y lo que no queremos mirar

Hoy existen modelos de lenguaje -GPT-4, Claude, Gemini, Llama- capaces de razonar, programar, traducir, escribir, analizar imágenes y mantener conversaciones complejas. No son conscientes: no tienen experiencias subjetivas, no sienten. Pero hacen cosas que hace cinco años se consideraban exclusivamente humanas.

Lo que debemos mirar sin apartar la vista:

El poder está muy concentrado. Un puñado de empresas privadas americanas —OpenAI, Google, Meta, Anthropic, Microsoft— y chinas —Baidu, Alibaba, Huawei— controlan los modelos más capaces. Los estados, las naciones, van por detrás en regulación.

Las implicaciones militares son reales. La IA ya se usa en sistemas de vigilancia masiva, análisis de inteligencia, drones autónomos y ciberseguridad ofensiva. El debate sobre armas autónomas letales (sistemas que deciden matar sin intervención humana) está en curso en Naciones Unidas, sin consenso.

El mercado laboral va a cambiar. No todos los empleos desaparecerán, pero muchos se transformarán. Los más afectados en el corto plazo no son los trabajos manuales, sino los cognitivos y creativos de nivel medio: redacción, análisis básico, atención al cliente, programación rutinaria. Las profesiones no van a desaparecer, se van a transformar.

La desinformación se ha vuelto industrial. Los modelos generativos permiten producir texto, imagen, audio y vídeo falsos con una facilidad y calidad sin precedentes. Las elecciones, la salud pública y el periodismo son vectores de riesgo inmediato.

El futuro inmediato: lo que podemos anticipar

En los próximos tres a cinco años, con razonable certeza:

    • Los agentes de IA —sistemas que no solo responden, sino que actúan de forma autónoma en nombre del usuario— se incorporarán a flujos de trabajo profesionales. Esto ya está ocurriendo hoy, mayo de 2026.

    • La IA multimodal (texto, imagen, audio, vídeo, código, todo integrado) será el estándar, no la excepción.

    • La batalla regulatoria definirá qué tipo de IA podemos usar y quién la controla. La Ley de IA de la Unión Europea es el intento más ambicioso hasta la fecha; su efectividad está por verse.

    • Los modelos de lenguaje serán cada vez más pequeños y eficientes, corriendo en dispositivos locales sin necesidad de la nube. Eso mejora la privacidad y reduce el monopolio de las grandes plataformas.

    • La pregunta sobre quién es responsable cuando una IA comete un error -o un crimen- seguirá sin respuesta clara.

Somos la bisagra

Vivimos en el momento en que la humanidad transfiere por primera vez capacidades cognitivas complejas a sistemas no biológicos a escala masiva. No es el fin del mundo ni la utopía prometida. Es, simplemente, el siguiente capítulo de una historia que comenzó con un ábaco y una tablilla de arcilla.

Lo que hagamos en los próximos diez años —cómo regulemos, cómo distribuyamos los beneficios, qué líneas decidimos no cruzar— determinará si esta tecnología amplificará lo mejor de nosotros o lo peor.

La historia no está escrita. Pero, a diferencia de Ada Lovelace, nosotros sí vamos a verla.

Una preocupación que me asalta es la desigualdad de condiciones actuales y el sistema educativo, sobre todo de cara al futuro. Sobre el primer aspecto, no sé si todos los seres humanos tienen la capacidad y los medios para poder transformar su oficio y, por ende, su actividad laboral. Sobre el segundo aspecto, el sistema educativo: Yo me eduqué y trabajé de forma manual hasta que estaba en la universidad. En la Biblioteca Nacional de Venezuela, donde trabajé por 17 años, sí había sistemas computarizados y de automatización, pero hacíamos lo que se llama catalogación original, es decir, hacíamos manualmente la descripción de lo que teníamos en la mano.

A través de mi experiencia podría alimentar modelos de IA, pero pensemos en las generaciones actuales que no tienen ese entrenamiento manual, pues hay que conocer los procedimientos y los resultados óptimos para poder supervisar y aprobar resultados excelentes. A veces tengo la impresión de que las universidades no quieren enterarse y siguen en su línea como si nada. Yo no soy experto en modelos educativos, pero salta a la vista que hacen falta medidas urgentes para afrontar, a la altura de la situación, los retos que, en carne viva, reclaman nuestra atención.

IA y la energía libre

Oigo con frecuencia a algunas personas que dicen que no usan, ni van a usar la IA porque gasta demasiada energía y no quieren sentir culpa por ello. Para mí es disponer de herramientas valiosas y negarse expresamente a utilizarlas. Es cierto que los recintos donde se trabaja con los modelos de IA consumen mucha energía y cada vez consumen más. Este aspecto energético ha sido visualizado por otros que ven con urgencia el desarrollo de energías renovables que nos ayuden a mantener el desarrollo de los modelos de una forma sostenible. La IA podría disponer de energía ilimitada y ponerla al servicio de la humanidad. ¿Qué tiene que ocurrir? ¿Cuánto tiempo más es necesario esperar?

En la antesala del primer Renacimiento, veníamos del supuesto oscurantismo de la Edad Media. Este movimiento puso al hombre nuevamente en el centro, reunió todos los oficios y nació la ópera; entre otras manifestaciones, esa época quedó marcada por un refinamiento en todas las áreas. El nuevo Renacimiento será diferente y estará perfectamente diferenciado, entre otras, gracias a la IA, que le ahorrará tiempo, que le quitará el trabajo pesado, para centrarnos en los valores que nos son intrínsecos e insustituibles.

A manera de cierre

Como reflexión, quisiera decir que, lejos de lo que algunos ven como una condena, creo que nos enfrentamos a una era que, al propio tiempo en que la IA acelere los procesos en los que antaño invertíamos mucho tiempo, dará paso a un humanismo integral renovado. Todo lo humano cobrará un nuevo significado. El hombre debe y tiene que ocupar nuevamente el centro. Las cosas hechas por nosotros desde el arte, así como todo aquello ideado y creado directamente por nuestras manos, tendrá por fuerza que retomar su verdadera dimensión, su verdadero valor.

La historia tecnológica no elimina lo humano, lo desplaza hacia zonas más esencialmente humanas. La imprenta no mató la reflexión, la multiplicó. La calculadora no eliminó a los matemáticos, los liberó de tareas para encarar problemas más profundos. Puede estar pasando algo similar ahora.

Debemos perder el miedo y tomar en nuestras manos el control de la IA. Es nuestra gran tarea impedir que la historia recorra otras páginas, para que sean las de nuestros más elevados rasgos de sabiduría, amor, fraternidad y solidaridad para con nuestro entorno y para con nuestros semejantes.


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Bibliografía

Historia de la informática

Ceruzzi, Paul E. A History of Modern Computing. 2.ª ed. Cambridge (Massachusetts): MIT Press, 2003. ISBN: 978-0-262-53203-7.

Haigh, Thomas y Ceruzzi, Paul E. A New History of Modern Computing. Cambridge (Massachusetts): MIT Press, 2021. ISBN: 978-0-262-54414-6. (Actualización y revisión del anterior.)

Alan Turing

Hodges, Andrew. Alan Turing: The Enigma. Nueva York: Simon & Schuster, 1983. (Reeditado por Princeton University Press, 2014. ISBN: 978-0-691-16472-4.)

Internet y la Web

Hafner, Katie y Lyon, Matthew. Where Wizards Stay Up Late: The Origins of the Internet. Nueva York: Simon & Schuster / Touchstone, 1996. ISBN: 978-0-684-87216-2.

Berners-Lee, Tim. Weaving the Web: The Original Design and Ultimate Destiny of the World Wide Web. Nueva York: HarperCollins, 1999. ISBN: 978-0-062-51587-2.

Capitalismo digital y poder tecnológico

Zuboff, Shoshana. The Age of Surveillance Capitalism: The Fight for a Human Future at the New Frontier of Power. Nueva York: PublicAffairs, 2019. ISBN: 978-1-610-39569-4.

Inteligencia artificial

Russell, Stuart J. y Norvig, Peter. Artificial Intelligence: A Modern Approach. 4.ª ed. Hoboken (Nueva Jersey): Pearson, 2021. ISBN: 978-0-134-61099-3. (El manual de referencia académica más usado en el mundo; más de 1.500 universidades en 128 países.)

Artículo científico fundacional (arquitectura Transformer)

Vaswani, Ashish et al. "Attention Is All You Need." arXiv, 12 de junio de 2017. arXiv:1706.03762. Disponible en: https://arxiv.org/abs/1706.03762

Bibliotecas y automatización en Venezuela

"Automatización de las bibliotecas." Bibliofep / Fundación Empresas Polar, Diccionario de Historia de Venezuela. Disponible en: https://bibliofep.fundacionempresaspolar.org/dhv/entradas/b/bibliotecas/


miércoles, 27 de mayo de 2026

Sobre Bleu, histoire d'une couleur de Michel Pastoureau

Portada, Bleu histoire d'une couleur de Pastoureau
Es un placer, en esta época un tanto hueca, dar con un autor que demuestre tanta erudición para hablar de la historia de un color. Me refiero a: Bleu, histoire d’une couleur, de Michel Pastoureau (2000). El autor aclara que no es una historia del azul en artes plásticas, sino una historia social del azul. Este color le sirve como hilo conductor para explorar cómo cambian las sensibilidades cromáticas a lo largo del tiempo y también para saber cómo un color que para los romanos era un color bárbaro, asociado a tintes baratos y poco nobles, se terminó convirtiendo en un color elegante, aristocrático y símbolo de la libertad.

El autor se remonta, a la antigüedad, a la clasificación que de los colores había hecho Aristóteles, en la que el azul estaba a un extremo, al lado del negro; y aparecían el blanco y el negro como colores. La segunda clasificación, a la que alude en contraposición, fue la realizada por Newton ya en tiempos no tan remotos (S. XVII) y es la que conocemos a través del famoso prisma. En esta última clasificación, el blanco y el negro desaparecen como colores y, a partir de esa época, son considerados como presencia o ausencia de luz. Hay un cambio en el orden en que observamos a los colores en ambos momentos de la historia. Luego está la significación de los colores, lo que está detrás de esa aparente candidez; este conocimiento cambia nuestra manera de mirar para siempre. El azul se hizo popular a partir del S. XIII-XIV y no antes, lo cual es un suceso relativamente reciente en términos históricos. El azul no tenía la carga de imposiciones y/o restricciones que sí tuvieron los otros colores; cuando se hizo popular estaba relativamente limpio. Se introdujo en la bandera francesa en la época de la Revolución, lo que le imprimía un carácter de libertad y de modernidad. 

Quizá la complicada obtención vegetal a través de la “Guède” y del índigo de la India o la obtención mineral del azul a través del “lapis-lasuli” o “l’azurite” favorecieron su impopularidad; sumemos a esto que su costo era elevado. Un suceso fortuito, un descubrimiento por azar cambió la historia, buscando una cosa se consigue otra, como tantas veces ocurre, y fue el descubrimiento del azul de Prusia (S. XVIII), comercializado en sus inicios como azul de Berlín, por el señor Diesbach. En mi pintura, el azul que uso es el azul de Prusia, que me cautivó desde siempre, y la razón puede ser que en El Ávila, la montaña en cuya falda se asienta la ciudad de Caracas, donde yo nací, las sombras de los árboles se proyectan con esa tonalidad.

Otro aspecto que resulta sorprendente, porque no somos conscientes de ello, es nuestra percepción de la temperatura de los colores, a los que llamamos fríos o cálidos; pues, como los percibimos hoy, no fue siempre así. Según el espíritu de la época, esta apreciación ha cambiado radicalmente. Por ejemplo, el azul en la Edad Media era percibido como cálido y fue con el paso del tiempo que ha venido a refrescarse, hasta percibirlo frío, como lo percibimos hoy.

A lo largo de su minucioso estudio, también nos habla de la apreciación de los otros colores, de su larga historia, del momento histórico en que el azul irrumpe, ya declaradamente, y se hace un espacio propio y sólido frente al resto de la paleta. Ya el rico lenguaje de su prosa le da un carácter muy especial; si echamos una mirada al mundo editorial de hoy no es fácil encontrar una voz que nos cautive, tanto por su conocimiento como por su riqueza narrativa; aunado a un tema cotidiano como es el color, que inunda todo a nuestro alrededor, hacen de Pastoureau un exégeta y su obra se ha ganado un merecido puesto dentro del canon de la historiografía moderna occidental.

Los invito a elevar el espíritu adentrándose en esta fascinante historia. No importa que usted no trabaje en el mundo de la moda, no importa que usted no sea pintor. Abra su armario, mire qué color predomina en sus prendas. Y si el azul predomina, este libro quizá pueda explicarle cómo ha ocurrido eso. Qué ha ocurrido en usted y en la historia, para que, sin darse cuenta, haya usted caído en esa preferencia, en esa provocación.


Pastoureau, Michel. Bleu : histoire d'une couleur. París: Éditions Points, col. Points Histoire, 2014 [2000]. 216 pp. ISBN 978-2-7578-4001-6.

jueves, 1 de mayo de 2025

Comentario a la carta nº 2 de Séneca a Lucilio: Los viajes y las lecturas.

 

Séneca 4aC.-65dC.

Las personas que viajan mucho son enfermas. Dice textualmente, según mi edición: “agitación propia de un alma enfermiza”. Considera un espíritu equilibrado aquel que procura “mantenerse firme y morar en sí”. También comenta lo que les ocurre a los que viven viajando, que tienen múltiples alojamientos y ningunas amistades. Es muy lamentable cortar o perder una relación de amistad por la distancia que supone un viaje prolongado. Extraño los amigos de la juventud, que a fuerza de viajes o dilatadas estancias en otros países nos separaron irremediablemente. A otros la muerte nos los arrebata. Amigos de otro tiempo pasan a nuestro lado como si se tratase de un extraño y se comportan con nosotros con total indiferencia. Quizá los amigos de cierta época al presente, la tecnología: los teléfonos móviles o el e-mail, lograron que no se rompiera el vínculo, sostenido por estos medios, impensable para Séneca. Pero una cosa son los viajes en la que está contemplado el retorno, otra el destierro, que tiene una carga profundamente dramática. Para los griegos el destierro era el peor castigo.

    Hoy, en el S. XXI, tenemos muchas formas de viajar, que pueden variar, por ejemplo en el tiempo de traslado, así como en el precio y el medio. El avión o el tren tienen tiempos distintos, pero los precios son casi iguales. Siendo el tren más lento, es más caro que el avión. El tren es más cómodo y menos engorroso tomarlo y abandonarlo. Ya casi nadie viaja en barco, salvo los que pasan vacaciones en un crucero y tocan diferentes ciudades o los que lo usan para acceder a alguna isla remota.

    En el tiempo de Séneca (S. I) los viajes serían muy lentos, en caballo, o en carruajes tirados por caballos, en litera, en barco y sólo para gente adinerada, la clase gobernante o el comercio; quizá por esto el tono pesimista sobre los viajes, en los que seguramente había que invertir mucho tiempo.

    En cuanto a la lectura, le indica a Lucilio: “lee siempre autores reconocidos”. Ciertamente, quizá más que reconocidos, a verdaderos autores. Michel de Montaigne, en esa misma línea de ideas, dice que: “Apenas leo los libros nuevos, porque los antiguos me parecen más sólidos y sustanciosos”, se refiere a aquellos autores que han conocido numerosas generaciones y que, a pesar del tiempo transcurrido, han llegado hasta nosotros gozando aún de prestigio. Es a través de la lectura de estos autores que desarrollamos un criterio sólido, capaz de transformar nuestro ser. Luego vamos formando nuestro canon, nuestros clásicos. Aprendemos a detectar rápidamente lo que nos interesa o lo que no es de nuestro interés. No importa que hojeemos aquí y allá a donde nuestra curiosidad nos dirija, encuentro que es mejor acercarse a los libros sin prejuicios.

    Montaigne se queja de algunos autores que se pierden en “prefacios, definiciones, divisiones y etimologías [que] consumen la mayor parte de su obra, y la médula, lo que hay de vivo y provechoso, queda ahogado por aprestos tan dilatados”. Muchas veces sentimos también ese alejamiento, de las ideas esenciales, provocado por el aparato crítico, que muchas veces pretende decirnos o explicarnos lo que un autor quiere decir, en vez de dejarnos leer directamente lo que un autor nos quiere decir, sin intermediarios.

    Para cerrar esta carta Séneca aconseja a Lucilio: “procúrate cada día algún remedio frente a la pobreza, alguno frente a la muerte, no menos frente a las restantes calamidades y escoge uno para meditarlo cada día”. Como ejemplo, Séneca elige un pensamiento de Epicuro: “Cosa honesta -dice- es la pobreza llevada con alegría”. Y afirma: “No es pobre el que tiene poco, sino el que ambiciona más”. En muchas de sus cartas Séneca aborda el tema de la pobreza y la riqueza, ¿cuánto tener? Lo necesario, lo suficiente.

martes, 18 de marzo de 2025

Comentario a la carta nº 1 de Séneca a Lucilio.

 

 Carta 1: Valor y aprovechamiento del tiempo.

 

 

Grabado de Séneca por Vorsterman, 1638.
 

La carta comienza con la recomendación a Lucilio de retomar el tiempo arrebatado o sustraído, “recupéralo y consérvalo”, dice. Hace énfasis en que lo peor es el tiempo perdido por negligencia. Luego parece invocar el espíritu del Carpe diem: aprovecha el tiempo; que señala como nuestro único bien. Luego hace un señalamiento sobre la pobreza: No considero pobre a quien le satisface cuanto le queda, por poco que sea- dice. Parece recalcar aquel proverbio que dice: no es más rico el que más tiene, sino el que menos necesita.

    Tiene mucha razón en cuanto al uso del tiempo, pues quién no ha hecho mal uso de él, sobre todo en lo que respecta a invertirlo en lo innecesario. Y quizá por eso mismo dice: (...) gran parte de la existencia se nos escapa obrando mal (...) haciendo cosas distintas de las que debemos. Mientras aplazamos las decisiones, la vida transcurre- agrega.

    Cerrando el tema del tiempo, Séneca dice: “Todo cuanto de nuestra vida queda atrás, la muerte lo posee”. Me vino a la mente una imagen, de alguien que mira por encima del hombro, hacia atrás, para tratar de ver el camino recorrido desde el comienzo de la consciencia hasta ayer. Los logros obtenidos, los países recorridos, las miserias personales, el dolor padecido por la muerte de sus seres queridos. Recordé el poema Caminante no hay camino, de Antonio Machado, que dice:


Caminante, son tus huellas

el camino y nada más;

caminante, no hay camino,

se hace camino al andar.

Al andar se hace camino,

y al volver la vista atrás

se ve la senda que nunca

se ha de volver a pisar.

Caminante no hay camino

sino estelas en la mar.


sábado, 22 de febrero de 2025

Epístolas morales a Lucilio, de Séneca.

 


Quizá lo más interesante de esta obra es que habla del ser humano. Razón por la cual es realmente intemporal, aunque fue escrita en el S. II, parece escrita esta mañana. Algunas cartas son largas, pero la mayoría son breves. En ellas se recorren todos los tópicos que dejan al desnudo nuestro ser. Es una obra para la reflexión y para reacomodar nuestra complexión espiritual. Habitualmente habla de la pobreza y de la riqueza, en fin, de lo que la fortuna, que es tan caprichosa, haga con nosotros. Quizá por esta razón nos invita constantemente a tener fuerza y a aceptar sus designios con entereza.

Otros de los temas tocados con frecuencia son la muerte, la amistad, los viajes, el carpe diem, entre otros, que expresan el deseo imperioso que tiene de hacer de Lucilio el mejor de los hombres.

Las ediciones que encontramos de esta obra son la correspondencia de Séneca a Lucilio, no conocemos el texto enviado por Lucilio. Séneca en sus cartas da respuesta y siempre comenta las preguntas o comentarios de Lucilio.

En esta época, la nuestra, tan estéril, en la que la lectura es una actividad cada vez más rara. Leer esta obra es conectarnos nuevamente con lo humano, tomar de la mano nuevamente el viejo hilo de nuestra historia, ¿para qué? Quizá para revivir en nosotros la curiosidad, desarrollar otra vez un propio criterio y por qué no decirlo, revivir en nosotros la espiritualidad. Pero no la falsa espiritualidad que necesita de lo público, del acudir a un local para oír o expresar ideas. Se trata de revivir la verdadera espiritualidad que es el camino hacia adentro. Reiniciar el diálogo con uno mismo, usando nuestra inteligencia.

Habitualmente uno ve la perversidad que aflora por todas partes, pero yo soy un hombre positivo y me inclino más en ver la parte bella de todo, incluso de lo humano, estoy enamorado de lo humano.

Estoy seguro de que a usted, estimado lector, le será placentero conocer estos textos, quizá tanto como a mí, así que no me despido y tan sólo le digo hasta luego.


lunes, 13 de septiembre de 2021

A un amor imposible, por Richard Chitty

He arrastrado la consciencia

de tu compañía

como a un niño muerto,

como la muerte de un hijo

al que es imposible siquiera

la idea del olvido.

R.Ch.

lunes, 31 de mayo de 2021

Pin Mill

Pin Mill es un pequeño puerto, situado en la desembocadura del río Orwell, en Inglaterra. Óleo sobre tela 97x130 cm. 2015. Colección privada.
 

jueves, 24 de septiembre de 2020

Sin título. Caracas, 19 V 1993.

Tu cuerpo tiene un aura, que

aniquila todo lo que me permite

ver en ti la luz, el esplendor.

Cada contacto con tus manos,

cada contacto con tus ojos,

me hacen renacer.

 

RCH

sábado, 30 de noviembre de 2019

Vernissage 26 de septiembre 2019 en la Biblioteca UQROO Unidad Académica Playa del Carmen.

Ese día la verdad fue muy emotivo, creo hasta haber bajado de peso. Estuve muy contento pues el evento estuvo muy concurrido. Se acercaron personas muy queridas. Desde este espacio personal le hago llegar las gracias a las autoridades de la UQROO en Playa del Carmen, muy especialmente a Martín Couoh Pérez, a Fernando Rodríguez y a Niuris Guerrero González, quienes me invitaron a realizar la muestra y colaboraron con todo lo necesario para hacerlo posible.
La muestra estará hasta el próximo 13 de diciembre. Gracias a mis compañeros de la Universidad de Quintana Roo que me arroparon con su presencia, a los alumnos y al público en general.


lunes, 10 de agosto de 2015

Habla Teófanes "el griego"...

"Ha sido por nuestros pecados que el mal ha adquirido rostro humano".
A. Rubliev. Tarkovsky.



martes, 28 de octubre de 2014

"La planta es la intención oculta", por Silvia Mujica


Yo las miro como un vínculo entre dos mundos. Símbolo del universo, no un símbolo falso, copia sonriente del todo, espejo en el cual la naturaleza se ve: algunas veces sol, otras luna o un aguacero de lluvia cargado con provocativos aromas.

La interminable multiplicidad de formas y colores: de la humilde palma, al generoso y sereno regalo de un cambur, son el reflejo de Dios, quien sin duda se oculta en medio de las frescas sombras y hace de la selva su templo, su morada, donde se adivina su presencia en la vibración de una hoja, en los colores, en la luz azul verdosa.

Pintar es como orar. Es una comunicación silenciosa con una planta, con la luz que ésta refleja o la sombra que proyecta.

En este amistoso diálogo con la hoja del cambur, en el reverberante sol del mediodía, pero protegida por su amable sombra, mientras copio cada vena, no siempre encuentro a Dios, pero invariablemente encuentro paz, porque me encuentro a mí misma.

Silvia Mujica

martes, 12 de agosto de 2014

Presagios

Agua en la noche, serpiente indecisa,
silbo menor y rumbo ignorado;
¿qué día nieve, qué día mar? Dime.
¿qué día nube, eco
de ti, cauce seco?
Dime.
- No lo diré: entre tus labios me tienes,
beso te doy pero no claridades.
Que compasiones nocturnas te basten
y lo demás a las sombras
déjaselo, porque yo he sido hecha
para la sed de los labios que nunca preguntan.

(1923) Pedro Salinas.




domingo, 13 de abril de 2014

Debe desaparecer aquel...



Debe desaparecer aquel
Por quien habló el espíritu.
Ante quien lo divino se despojó
De su velo…
A quien amaban la luz
y la tierra, a cuyo
espíritu despertaba el espíritu
del mundo,
donde aquellos residen,
y a donde muriendo regreso.

Hölderlin